La Betaína como Nutracéutico en Medicina Veterinaria
La Betaína como Nutracéutico en Medicina Veterinaria
Introducción
En
la búsqueda constante de estrategias terapéuticas seguras y efectivas para
mejorar la salud y el bienestar de perros y gatos, los nutracéuticos han ganado
un lugar significativo en la práctica clínica veterinaria. Entre ellos, la
betaína (N,N,N-trimetilglicina) destaca por sus propiedades fisicoquímicas
únicas y sus diversas funciones metabólicas esenciales. Originalmente
identificada en la remolacha azucarera (*Beta vulgaris*), la betaína es un
derivado de la colina que actúa como una molécula anfótera, confiriéndole roles
cruciales en la osmorregulación celular y como donante de grupos metilo en
reacciones bioquímicas fundamentales (Craig, 2004). Su relevancia clínica ha
sido ampliamente investigada en medicina humana, y en los últimos años, un
creciente cuerpo de evidencia respalda su utilidad en medicina veterinaria,
especialmente en el manejo de enfermedades hepáticas, trastornos metabólicos y
condiciones asociadas al estrés.
1.
Naturaleza Química, Fuentes Naturales y Biodisponibilidad
La
betaína es un aminoácido modificado, un compuesto cuaternario de amonio, con la
fórmula química (CH₃)₃N⁺CH₂COO⁻. Esta estructura le
confiere una alta solubilidad en agua y su carácter
zwitteriónico (molécula con cargas positivas y
negativas simultáneamente)
es clave para su función
osmoprotectora.
Fuentes
Naturales
Origen
Vegetal: Es abundante en la remolacha azucarera (de donde se
extrae comercialmente), espinacas, quinua, trigo integral, salvado de trigo,
batatas y brócoli (Zeisel et al., 2003). La concentración en estos alimentos
puede variar significativamente según el suelo, clima y procesamiento.
Origen
Animal: Se encuentra en mariscos (como fuente dietética de
glicina betaína) y, en menor medida, en carnes y vísceras. Sin embargo, la
fuente dietética más relevante para la síntesis endógena en mamíferos es la colina,
un nutriente esencial precursor de la betaína. La colina está presente en altas
concentraciones en yema de huevo, hígado, soja y ciertos granos (Zeisel &
da Costa, 2009).
Síntesis
Endógena: El hígado y el riñón son los principales sitios de
síntesis de betaína a partir de la colina. La enzima colina deshidrogenasa
(mitocondrial) y la betaína aldehído deshidrogenasa (citoplasmática) catalizan
esta conversión en dos pasos (Ueland et al., 2005).
Biodisponibilidad
y Absorción
La
betaína dietética se absorbe eficientemente en el intestino delgado mediante
transportadores específicos para aminoácidos y compuestos relacionados (como el
transportador de betaína/GABA BGT-1) (Kempson et al., 2013). Una vez absorbida,
se distribuye ampliamente por los tejidos, con altas concentraciones en riñón,
hígado y cerebro. No se une significativamente a proteínas plasmáticas. Su
metabolismo principal ocurre en el hígado, donde dona grupos metilo,
convirtiéndose en dimetilglicina (DMG) y posteriormente en otros metabolitos.
La excreción es principalmente renal, tanto de betaína intacta como de sus
metabolitos (Schwab et al., 2006). La biodisponibilidad de las formas
suplementarias (clorhidrato de betaína o betaína anhidra) es alta, generalmente
superior al 80% en estudios en modelos animales.
2.
Mecanismos de Acción
La
betaína ejerce sus efectos fisiológicos y terapéuticos a través de dos vías
principales interconectadas
2.1.
Osmoprotección
La
betaína es un osmólito orgánico compatible. Esto significa que las células
pueden acumularla en altas concentraciones en respuesta al estrés osmótico
(como la deshidratación o la acumulación de solutos intracelulares) sin
interferir con las funciones enzimáticas celulares normales (Burg et al.,
2007). Al equilibrar la presión osmótica entre el interior y el exterior de la
célula, la betaína protege las estructuras celulares (proteínas, enzimas,
membranas y ADN) del daño por desnaturalización, mantiene el volumen celular y
preserva la función enzimática crítica. Este papel es vital en tejidos
particularmente sensibles a cambios osmóticos, como las células del túbulo
renal (médula renal) y los hepatocitos. En condiciones de estrés térmico, la
acumulación de betaína intracelular ayuda a las células a resistir la
deshidratación asociada al jadeo intenso en perros o la reducida ingesta de
agua en gatos.
2.2.
Donación de Grupos Metilo
La
betaína es la principal fuente de grupos metilo (-CH3) en la vía de la
metionina-homocisteína. Actúa como co-sustrato en la reacción de remetilación
de la homocisteína a metionina, catalizada por la enzima betaína-homocisteína
metiltransferasa (BHMT). Esta reacción ocurre predominantemente en el hígado y
el riñón (Finkelstein, 2007). Este proceso es crucial por varias razones:
· Síntesis de Metionina:
La metionina es un aminoácido esencial necesario para la síntesis proteica y,
más importante aún, es el precursor del S-adenosilmetionina (SAM). La SAM es el
principal donante de grupos metilo en el organismo, involucrado en más de 100
reacciones de metilación, incluyendo:
a.
Síntesis de neurotransmisores
(serotonina, dopamina, norepinefrina).
b.
Síntesis de fosfolípidos de membrana
(fosfatidilcolina a partir de fosfatidiletanolamina).
c.
Metilación de ADN y ARN (regulación
epigenética de la expresión génica).
d.
Metilación de histonas.
e.
Síntesis de creatina (importante para la
función muscular).
f.
Metilación de moléculas extrañas
(detoxificación).
3.
Regulación de la Homocisteína
Al
promover la remetilación de homocisteína, la betaína ayuda a mantener niveles
plasmáticos de homocisteína dentro de rangos fisiológicos. La homocisteína
elevada (hiperhomocisteinemia) es un factor de riesgo independiente para daño
endotelial, disfunción vascular, trombosis, enfermedades neurodegenerativas y
posiblemente daño renal (McCully, 2015). La BHMT es especialmente importante en
condiciones de deficiencia de folato o vitamina B12, o cuando la otra enzima de
remetilación (metionina sintasa, dependiente de B12) está comprometida.
4.
Metabolismo Hepático de Lípidos
La
síntesis hepática de fosfatidilcolina (vía metilación de fosfatidiletanolamina
por la enzima PEMT, que requiere SAM) es esencial para el ensamblaje y
secreción de lipoproteínas de muy baja densidad (VLDL). Una deficiencia en la
capacidad de metilación (por falta de SAM) conduce a la acumulación de
triglicéridos en el hígado (esteatosis hepática), ya que los triglicéridos no
pueden ser exportados eficientemente (Vance & Vance, 2008). La betaína, al
reponer las reservas de SAM, facilita la síntesis de fosfatidilcolina y la
secreción de VLDL, ayudando a movilizar los lípidos del hígado. Este mecanismo
es fundamental para su efecto hepatoprotector en la lipidosis hepática.
5.
Aplicaciones Médicas en Perros y Gatos
La
comprensión de los mecanismos de acción de la betaína sustenta sus diversas
aplicaciones clínicas en medicina veterinaria de pequeños animales. La
evidencia de los últimos 5 años ha consolidado y refinado su uso en varias
áreas:
5.1.
Hepatopatías (Especialmente Lipidosis Hepática y Esteatosis)
Lipidosis
Hepática Felina (LHF): Esta es la hepatopatía más común
en gatos, a menudo desencadenada por anorexia o estrés metabólico. La
acumulación masiva de triglicéridos en los hepatocitos compromete severamente
la función hepática. La betaína es un pilar fundamental en el manejo nutricional
y médico de la LHF (Center, 2022). Su acción es multifacética:
· Movilización de Grasa Hepática:
Como principal donante de metilos para la síntesis de fosfatidilcolina vía SAM,
la betaína es esencial para el ensamblaje de las VLDL, permitiendo la
exportación de triglicéridos desde el hígado al torrente sanguíneo. Estudios
clínicos retrospectivos y experiencia clínica apoyan firmemente que la
suplementación con betaína, junto con una nutrición adecuada (enteral forzada o
voluntaria), acelera significativamente la resolución de la esteatosis y mejora
la función hepática en gatos con LHF (Armstrong & Blanchard, 2009; Center
et al., 2023).
· Osmoprotección:
Protege a los hepatocitos dañados del estrés osmótico adicional durante la
recuperación.
· Reducción de Homocisteína:
La disfunción hepática puede alterar el metabolismo de la homocisteína. La
betaína ayuda a mantener niveles adecuados.
Esteatosis Hepática en Perros: Aunque
menos frecuente que en gatos, la esteatosis hepática puede ocurrir en perros
obesos, con diabetes mellitus, hiperadrenocorticismo o secundaria a otras
enfermedades. La betaína juega un rol similar al de los gatos, facilitando la
movilización de lípidos hepáticos a través de la síntesis de VLDL. Estudios en
modelos animales de esteatosis apoyan este efecto, y su uso se extrapola a la
clínica canina con buenos resultados reportados (Webb & Twedt, 2020). Es
particularmente relevante en perros obesos con elevaciones enzimáticas
hepáticas sugestivas de esteatosis.
Otras
Hepatopatías: La betaína también puede tener un papel
beneficioso en otras enfermedades hepáticas crónicas (como la
colangitis/colangiohepatitis en gatos o la hepatitis crónica en perros) debido
a sus efectos osmoprotectores, su apoyo a la desintoxicación (vía metilación) y
su potencial para reducir la inflamación, aunque la evidencia específica es más
limitada que para la lipidosis/esteatosis (Tolbert & Olin, 2021).
5.2.
Manejo de la Obesidad y Complicaciones Metabólicas
La
obesidad es una epidemia en perros y gatos, asociada a numerosas
comorbilidades. La betaína ofrece beneficios potenciales más allá de su efecto
sobre la esteatosis hepática:
· Modulación del Metabolismo
Lipídico: La suplementación con betaína en modelos animales
obesos ha demostrado reducir la acumulación de grasa visceral, mejorar el
perfil lipídico (disminución de triglicéridos y colesterol LDL, aumento de HDL)
y aumentar la sensibilidad a la insulina (Du et al., 2022; Gao et al., 2020).
Estos efectos parecen estar mediados por la regulación de genes involucrados en
la oxidación de ácidos grasos y la lipogénesis, posiblemente a través de
mecanismos epigenéticos (metilación del ADN) influenciados por la disponibilidad
de SAM.
· Promoción de la Saciedad:
Algunos estudios preliminares en roedores sugieren que la betaína puede modular
hormonas relacionadas con el apetito (como la leptina y la grelina) (Chen et
al., 2021), aunque esta área requiere más investigación en especies
veterinarias.
· Reducción de la Inflamación
Adiposa: El tejido adiposo de animales obesos es un órgano
endocrino proinflamatorio. La betaína puede atenuar la producción de citoquinas
inflamatorias (como TNF-α, IL-6) por parte del tejido adiposo, contribuyendo a
reducir la inflamación sistémica de bajo grado asociada a la obesidad
(Kathirvel et al., 2020).
5.3.
Regulación de la Homocisteína (Hiperhomocisteinemia)
Niveles
elevados de homocisteína son un factor de riesgo cardiovascular y se han
asociado con enfermedad renal crónica (ERC), trastornos cognitivos y
complicaciones tromboembólicas en animales. La betaína, a través de la vía
BHMT, es una ruta eficaz y a menudo complementaria a la vía dependiente de
folato/B12 para reducir la homocisteína plasmática (McKeever et al., 2020).
Esto es especialmente relevante en:
· Pacientes con ERC:
La función renal deteriorada reduce la eliminación de homocisteína. La
hiperhomocisteinemia es común en estadios avanzados de ERC y contribuye a la
progresión de la enfermedad y complicaciones cardiovasculares. La
suplementación con betaína puede ser una estrategia adyuvante para controlar
estos niveles (Lulich & Osborne, 2020), aunque se requiere precaución con
la dosis.
·
Pacientes con deficiencias de
folato o B12: La betaína ofrece una ruta alternativa
de remetilación.
· Animales geriátricos: Pueden tener mayor riesgo de hiperhomocisteinemia por diversas razones.
5.4.
Manejo del Estrés Térmico
El
estrés por calor es una preocupación importante, especialmente en perros braquiocefálicos,
obesos o que trabajan en condiciones cálidas. La betaína, como osmoprotector,
ayuda a las células a mantener su volumen e integridad durante la
deshidratación asociada al jadeo excesivo y la pérdida de electrolitos
(Sanders, 2021). Estudios en aves de corral y cerdos han demostrado
consistentemente que la suplementación con betaína mejora el rendimiento, la
ingesta de alimento, la integridad intestinal y la supervivencia durante el
estrés térmico (Ali et al., 2022; He et al., 2020). Aunque la investigación
específica en perros es más limitada, los mecanismos fisiológicos son
conservados, y la betaína se está incorporando cada vez más en suplementos
diseñados para el manejo del estrés térmico y la hidratación celular en perros
deportivos o expuestos a altas temperaturas.
5.5.
Salud Renal (Potencial Rol Protector)
El
papel osmoprotector de la betaína es particularmente importante en las células
de la médula renal, que funcionan en un entorno hiperosmótico. Existe evidencia
creciente, principalmente de modelos experimentales y algunos estudios en
humanos, que sugiere que la betaína puede proteger contra la lesión renal aguda
(LRA) y la progresión de la ERC:
·
Osmoprotección:
Protege a las células tubulares medulares del estrés osmótico.
·
Reducción de Homocisteína:
La hiperhomocisteinemia es nefrotóxica.
· Efecto Antioxidante:
Algunos estudios indican que la betaína puede aumentar la actividad de enzimas
antioxidantes (como la superóxido dismutasa) y reducir el estrés oxidativo en
el riñón (Ganesan et al., 2021).
·
Reducción de la Inflamación:
Puede modular vías inflamatorias implicadas en la lesión renal.
Sin
embargo, es crucial enfatizar que la evidencia clínica robusta en perros y
gatos con enfermedad renal es todavía escasa, y su uso en ERC avanzada requiere
una cuidadosa evaluación riesgo-beneficio debido al riesgo potencial de
acumulación (Brown & Elliott, 2023).
5.6.
Otras Aplicaciones Potenciales
La
investigación en otras áreas es más preliminar, pero sugiere posibles
beneficios:
·
Salud Intestinal:
Su efecto osmoprotector puede ayudar a mantener la integridad de la barrera
intestinal durante episodios de diarrea o estrés. Algunos estudios en
producción animal muestran mejoras en la morfología intestinal y reducción de
la inflamación (Wang et al., 2022).
· Rendimiento Deportivo:
Basado en su rol en la síntesis de creatina (para producción de energía) y
posible efecto sobre la resistencia al estrés, se explora en suplementos para
perros de trabajo o deporte (Reynolds, 2021).
· Neuroprotección: La capacidad de la betaína para reducir la homocisteína (neurotóxica) y su participación en la síntesis de neurotransmisores y fosfolípidos de membrana neuronal sugieren un potencial neuroprotector, relevante en síndromes cognitivos geriátricos (Landsberg, 2023).
6.
Dosificación, Administración y Formulaciones
No
existe una dosis única óptima universalmente establecida para perros y gatos,
ya que depende de la indicación, la gravedad de la condición, la formulación y
el individuo. Las pautas se basan en estudios farmacológicos, experiencia
clínica y las recomendaciones de los fabricantes de productos veterinarios:
Dosis
Generales (Guía)
Perros
Hepatopatías/Obesidad/General:
500 - 2000 mg/día divididos en 1-2 tomas. Dosis típicas oscilan entre 50-100
mg/kg/día.
Reducción
de Homocisteína: Dosis pueden ser similares o ligeramente superiores.
Gatos
Lipidosis
Hepática: Es la indicación más establecida. Dosis típicas: 250 - 1000 mg/día
divididos en 1-2 tomas. Comúnmente se utiliza 50-125 mg/kg/día, iniciando en el
rango superior en casos agudos graves (Center, 2022; Tolbert & Olin, 2021).
Nota
Importante: Siempre se debe consultar la literatura específica del producto
utilizado y ajustar según la respuesta clínica y los parámetros de laboratorio.
Comenzar con la dosis más baja efectiva es prudente.
Formulaciones
Clorhidrato
de Betaína (Betaine HCl): Es la forma más comúnmente disponible. Se usa para
las indicaciones metabólicas y hepáticas descritas. Tiene un sabor ligeramente
ácido/salado. Se presenta en polvo, cápsulas, tabletas o como parte de
suplementos combinados (hepatoprotectores, lipotrópicos). No debe confundirse
con su uso como acidificante urinario o suplemento digestivo en humanos. En
veterinaria, para las indicaciones aquí descritas, se utiliza la misma
molécula, pero el objetivo no es acidificar.
Betaína
Anhidra: Menos común en suplementos veterinarios específicos para las
indicaciones metabólicas. La betaína anhidra se refiere a la betaína pura sin
el HCl. Es importante verificar que el suplemento contenga betaína
(trimetilglicina) como ingrediente activo, no solo la palabra betaína en el
nombre de otros compuestos (como tensioactivos).
Alimentos
Comerciales: Algunas dietas terapéuticas para hepátopatías o gestión del peso
pueden estar fortificadas con betaína. Verificar el listado de ingredientes o
el análisis garantizado.
Administración
Se
puede administrar directamente en la boca (polvo mezclado con un poco de comida
húmeda o "pate", cápsulas/tabletas) o mezclado con el alimento.
La
palatabilidad puede ser un desafío en algunos gatos; las formulaciones en polvo
suelen ser más fáciles de camuflar que las tabletas grandes.
7.
Limitaciones, Precauciones y Efectos Adversos
A
pesar de su perfil de seguridad generalmente favorable, la betaína no está
exenta de riesgos y consideraciones:
Insuficiencia
Renal Grave: Este es el punto más crítico. La betaína y sus metabolitos (DMG,
sarcosina) se excretan principalmente por vía renal. En pacientes con función
renal severamente comprometida (IRC estadio 4-5 según IRIS), existe un riesgo
significativo de acumulación sistémica. Los altos niveles plasmáticos de
betaína se han asociado con un aumento de la osmolalidad plasmática y,
teóricamente, podrían contribuir a la osmólisis celular, efectos neurológicos o
empeoramiento de la función renal (Schwab et al., 2006; Brown & Elliott,
2023). Su uso en perros o gatos con ERC avanzada (especialmente con azotemia
marcada) está contraindicado o requiere extrema precaución, monitorización
estrecha y dosis muy reducidas bajo supervisión veterinaria estricta.
Interacciones
Farmacológicas
Diuréticos
(especialmente diuréticos de asa como furosemida): Pueden aumentar el riesgo de
desequilibrios electrolíticos (hiponatremia, hipokalemia) debido a la carga
osmótica de la betaína. Monitorizar electrolitos (Na+, K+) si se usan
concomitantemente (Boothe, 2023).
Fármacos
Metabolizados por Metilación: Teóricamente, la betaína podría alterar la
farmacocinética de fármacos que dependen de la metilación para su inactivación
o activación, aunque la evidencia clínica específica es limitada.
Efectos
Adversos
Gastrointestinales:
Son los más comunes, aunque generalmente leves y transitorios. Incluyen
náuseas, vómitos (especialmente si se administra en ayunas), diarrea o heces
blandas. Administrar con comida puede mitigar estos efectos.
Sabor:
El sabor salado/ácido del clorhidrato puede ser rechazado por algunos animales,
afectando la palatabilidad y la adherencia al tratamiento.
Olor
Corporal: En dosis altas, algunos propietarios reportan un olor corporal
peculiar (a menudo descrito como "a pescado") en sus mascotas,
probablemente relacionado con la excreción de trimetilamina, un metabolito.
Contraindicaciones
Hipersensibilidad
conocida a la betaína (rara).
Insuficiencia
renal grave (IRC estadios avanzados IRIS 4/5) sin supervisión veterinaria
experta y monitorización muy estrecha.
Embarazo
y Lactancia: No se han establecido perfiles de seguridad completos. Se
recomienda evitar su uso o utilizarlo solo si el beneficio potencial supera
claramente el riesgo desconocido.
Monitorización
En
pacientes con enfermedad hepática, monitorizar enzimas hepáticas (ALT, ALP),
bilirrubina, albúmina, colesterol, triglicéridos y tiempo de coagulación. En
pacientes con ERC o recibiendo diuréticos, monitorizar creatinina, BUN,
electrolitos (Na+, K+) y osmolalidad plasmática si es posible.
8.
El Papel del Veterinario: Integrando la Betaína en la Práctica Clínica
Como
médicos veterinarios especializados en medicina interna y medicina funcional,
nuestro rol es fundamental para utilizar la betaína de manera racional, basada
en evidencia y ética:
La
betaína no es una panacea. Su indicación debe basarse en un diagnóstico preciso
de la condición subyacente (lipidosis hepática, esteatosis, obesidad con
complicaciones metabólicas, hiperhomocisteinemia documentada, etc.). No es un
sustituto del manejo nutricional adecuado, la fluidoterapia o el tratamiento
específico de la enfermedad primaria.
Evaluación
Individual: Evaluar la función renal y hepática basal (perfil bioquímico
completo, análisis de orina) antes de iniciar la suplementación, especialmente
en animales geriátricos o con comorbilidades. Evaluar el estado de hidratación.
Selección
de Productos y Dosificación:** Recomendar productos de calidad, con
concentraciones claramente especificadas de betaína (trimetilglicina). Calcular
la dosis apropiada según el peso, la condición y las comorbilidades del
paciente. Educar al propietario sobre la administración correcta y la
importancia de la adherencia.
Gestión
de Expectativas: Comunicar claramente los beneficios esperados, el tiempo
necesario para observar mejorías (p. ej., en lipidosis hepática, la
recuperación es gradual y requiere semanas o meses) y las posibles limitaciones
o efectos adversos.
Monitorización:
Implementar un plan de monitorización para evaluar la eficacia (mejora clínica,
parámetros de laboratorio) y la seguridad (función renal, electrolitos, efectos
adversos GI), ajustando la dosis o suspendiendo el tratamiento según sea
necesario.
Enfoque
Multimodal: Integrar la betaína dentro de un plan terapéutico integral que
incluya manejo nutricional específico (dietas terapéuticas para hígado,
obesidad o riñón según corresponda), tratamiento farmacológico de la enfermedad
primaria, manejo del dolor, control de náuseas/vómitos, y apoyo al propietario.
9.
Futuras Direcciones de Investigación
A
pesar de los avances, persisten importantes lagunas de conocimiento que
requieren investigación futura en medicina veterinaria:
Estudios
Clínicos Controlados: Se necesitan más ensayos clínicos aleatorizados y
controlados (RCTs) bien diseñados, específicos en perros y gatos, para
confirmar la eficacia de la betaína en diversas indicaciones (especialmente
ERC, rendimiento deportivo, neuroprotección) y establecer dosis óptimas basadas
en evidencia sólida.
Farmacocinética
y Farmacodinamia Específicas por Especie: Estudios detallados sobre la
absorción, distribución, metabolismo y excreción (ADME) de diferentes
formulaciones de betaína en perros y gatos, incluyendo su impacto en la
osmolalidad plasmática y tisular.
Efectos
a Largo Plazo: Evaluación de la seguridad y eficacia de la suplementación
crónica con betaína en diversas condiciones.
Interacciones
Farmacológicas: Investigación específica sobre interacciones potenciales con
fármacos de uso común en veterinaria.
Biomarcadores
de Respuesta: Identificación de biomarcadores fiables (más allá de la
homocisteína o las enzimas hepáticas) para predecir y monitorizar la respuesta
a la betaína.
Mecanismos
Epigenéticos: Profundizar en la comprensión de cómo la betaína, a través de su
impacto en la disponibilidad de SAM, regula la metilación del ADN y la
expresión génica en tejidos relevantes (hígado, tejido adiposo, riñón) en
perros y gatos, y cómo esto se traduce en efectos terapéuticos.
Conclusión
La betaína es un nutracéutico valioso con un sólido fundamento fisiológico y un perfil creciente de aplicaciones clínicas en medicina veterinaria de pequeños animales. Sus funciones duales como osmoprotector celular y donante esencial de grupos metilo la convierten en una herramienta particularmente relevante para el manejo de la lipidosis hepática felina, la esteatosis hepática en perros, complicaciones metabólicas de la obesidad, la hiperhomocisteinemia y el estrés térmico.
Sin
embargo, su implementación debe ser juiciosa y basada en un diagnóstico
preciso. La consideración más crítica es la contraindicación relativa o
absoluta en casos de insuficiencia renal grave, donde el riesgo de acumulación
y potenciales efectos adversos supera los beneficios. La monitorización de la
función renal y los electrolitos es esencial en pacientes con compromiso renal
o que reciben diuréticos.
Como
profesionales debemos integrar la betaína dentro de un enfoque terapéutico
multimodal, priorizando siempre el bienestar del paciente y utilizando la mejor
evidencia disponible. La investigación futura deberá abordar las lagunas de
conocimiento actuales, refinando las pautas de dosificación, explorando nuevas
aplicaciones y consolidando su lugar como un agente terapéutico seguro y eficaz
en el arsenal del veterinario dedicado a la salud de perros y gatos.
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