La Betaína como Nutracéutico en Medicina Veterinaria

La Betaína como Nutracéutico en Medicina Veterinaria

Introducción

En la búsqueda constante de estrategias terapéuticas seguras y efectivas para mejorar la salud y el bienestar de perros y gatos, los nutracéuticos han ganado un lugar significativo en la práctica clínica veterinaria. Entre ellos, la betaína (N,N,N-trimetilglicina) destaca por sus propiedades fisicoquímicas únicas y sus diversas funciones metabólicas esenciales. Originalmente identificada en la remolacha azucarera (*Beta vulgaris*), la betaína es un derivado de la colina que actúa como una molécula anfótera, confiriéndole roles cruciales en la osmorregulación celular y como donante de grupos metilo en reacciones bioquímicas fundamentales (Craig, 2004). Su relevancia clínica ha sido ampliamente investigada en medicina humana, y en los últimos años, un creciente cuerpo de evidencia respalda su utilidad en medicina veterinaria, especialmente en el manejo de enfermedades hepáticas, trastornos metabólicos y condiciones asociadas al estrés.

1. Naturaleza Química, Fuentes Naturales y Biodisponibilidad

La betaína es un aminoácido modificado, un compuesto cuaternario de amonio, con la fórmula química (CH)NCHCOO. Esta estructura le confiere una alta solubilidad en agua y su carácter zwitteriónico (molécula con cargas positivas y negativas simultáneamente) es clave para su función osmoprotectora.

Fuentes Naturales

Origen Vegetal: Es abundante en la remolacha azucarera (de donde se extrae comercialmente), espinacas, quinua, trigo integral, salvado de trigo, batatas y brócoli (Zeisel et al., 2003). La concentración en estos alimentos puede variar significativamente según el suelo, clima y procesamiento.

Origen Animal: Se encuentra en mariscos (como fuente dietética de glicina betaína) y, en menor medida, en carnes y vísceras. Sin embargo, la fuente dietética más relevante para la síntesis endógena en mamíferos es la colina, un nutriente esencial precursor de la betaína. La colina está presente en altas concentraciones en yema de huevo, hígado, soja y ciertos granos (Zeisel & da Costa, 2009).

Síntesis Endógena: El hígado y el riñón son los principales sitios de síntesis de betaína a partir de la colina. La enzima colina deshidrogenasa (mitocondrial) y la betaína aldehído deshidrogenasa (citoplasmática) catalizan esta conversión en dos pasos (Ueland et al., 2005).

Biodisponibilidad y Absorción

La betaína dietética se absorbe eficientemente en el intestino delgado mediante transportadores específicos para aminoácidos y compuestos relacionados (como el transportador de betaína/GABA BGT-1) (Kempson et al., 2013). Una vez absorbida, se distribuye ampliamente por los tejidos, con altas concentraciones en riñón, hígado y cerebro. No se une significativamente a proteínas plasmáticas. Su metabolismo principal ocurre en el hígado, donde dona grupos metilo, convirtiéndose en dimetilglicina (DMG) y posteriormente en otros metabolitos. La excreción es principalmente renal, tanto de betaína intacta como de sus metabolitos (Schwab et al., 2006). La biodisponibilidad de las formas suplementarias (clorhidrato de betaína o betaína anhidra) es alta, generalmente superior al 80% en estudios en modelos animales.

2. Mecanismos de Acción

La betaína ejerce sus efectos fisiológicos y terapéuticos a través de dos vías principales interconectadas

2.1. Osmoprotección

La betaína es un osmólito orgánico compatible. Esto significa que las células pueden acumularla en altas concentraciones en respuesta al estrés osmótico (como la deshidratación o la acumulación de solutos intracelulares) sin interferir con las funciones enzimáticas celulares normales (Burg et al., 2007). Al equilibrar la presión osmótica entre el interior y el exterior de la célula, la betaína protege las estructuras celulares (proteínas, enzimas, membranas y ADN) del daño por desnaturalización, mantiene el volumen celular y preserva la función enzimática crítica. Este papel es vital en tejidos particularmente sensibles a cambios osmóticos, como las células del túbulo renal (médula renal) y los hepatocitos. En condiciones de estrés térmico, la acumulación de betaína intracelular ayuda a las células a resistir la deshidratación asociada al jadeo intenso en perros o la reducida ingesta de agua en gatos.

2.2. Donación de Grupos Metilo

La betaína es la principal fuente de grupos metilo (-CH3) en la vía de la metionina-homocisteína. Actúa como co-sustrato en la reacción de remetilación de la homocisteína a metionina, catalizada por la enzima betaína-homocisteína metiltransferasa (BHMT). Esta reacción ocurre predominantemente en el hígado y el riñón (Finkelstein, 2007). Este proceso es crucial por varias razones:

·  Síntesis de Metionina: La metionina es un aminoácido esencial necesario para la síntesis proteica y, más importante aún, es el precursor del S-adenosilmetionina (SAM). La SAM es el principal donante de grupos metilo en el organismo, involucrado en más de 100 reacciones de metilación, incluyendo:

a.       Síntesis de neurotransmisores (serotonina, dopamina, norepinefrina).

b.       Síntesis de fosfolípidos de membrana (fosfatidilcolina a partir de fosfatidiletanolamina).

c.       Metilación de ADN y ARN (regulación epigenética de la expresión génica).

d.       Metilación de histonas.

e.       Síntesis de creatina (importante para la función muscular).

f.         Metilación de moléculas extrañas (detoxificación).

3. Regulación de la Homocisteína

Al promover la remetilación de homocisteína, la betaína ayuda a mantener niveles plasmáticos de homocisteína dentro de rangos fisiológicos. La homocisteína elevada (hiperhomocisteinemia) es un factor de riesgo independiente para daño endotelial, disfunción vascular, trombosis, enfermedades neurodegenerativas y posiblemente daño renal (McCully, 2015). La BHMT es especialmente importante en condiciones de deficiencia de folato o vitamina B12, o cuando la otra enzima de remetilación (metionina sintasa, dependiente de B12) está comprometida.

4. Metabolismo Hepático de Lípidos

La síntesis hepática de fosfatidilcolina (vía metilación de fosfatidiletanolamina por la enzima PEMT, que requiere SAM) es esencial para el ensamblaje y secreción de lipoproteínas de muy baja densidad (VLDL). Una deficiencia en la capacidad de metilación (por falta de SAM) conduce a la acumulación de triglicéridos en el hígado (esteatosis hepática), ya que los triglicéridos no pueden ser exportados eficientemente (Vance & Vance, 2008). La betaína, al reponer las reservas de SAM, facilita la síntesis de fosfatidilcolina y la secreción de VLDL, ayudando a movilizar los lípidos del hígado. Este mecanismo es fundamental para su efecto hepatoprotector en la lipidosis hepática.

5. Aplicaciones Médicas en Perros y Gatos

La comprensión de los mecanismos de acción de la betaína sustenta sus diversas aplicaciones clínicas en medicina veterinaria de pequeños animales. La evidencia de los últimos 5 años ha consolidado y refinado su uso en varias áreas:

5.1. Hepatopatías (Especialmente Lipidosis Hepática y Esteatosis)

Lipidosis Hepática Felina (LHF): Esta es la hepatopatía más común en gatos, a menudo desencadenada por anorexia o estrés metabólico. La acumulación masiva de triglicéridos en los hepatocitos compromete severamente la función hepática. La betaína es un pilar fundamental en el manejo nutricional y médico de la LHF (Center, 2022). Su acción es multifacética:

·      Movilización de Grasa Hepática: Como principal donante de metilos para la síntesis de fosfatidilcolina vía SAM, la betaína es esencial para el ensamblaje de las VLDL, permitiendo la exportación de triglicéridos desde el hígado al torrente sanguíneo. Estudios clínicos retrospectivos y experiencia clínica apoyan firmemente que la suplementación con betaína, junto con una nutrición adecuada (enteral forzada o voluntaria), acelera significativamente la resolución de la esteatosis y mejora la función hepática en gatos con LHF (Armstrong & Blanchard, 2009; Center et al., 2023).

·       Osmoprotección: Protege a los hepatocitos dañados del estrés osmótico adicional durante la recuperación.

·      Reducción de Homocisteína: La disfunción hepática puede alterar el metabolismo de la homocisteína. La betaína ayuda a mantener niveles adecuados.

Esteatosis Hepática en Perros: Aunque menos frecuente que en gatos, la esteatosis hepática puede ocurrir en perros obesos, con diabetes mellitus, hiperadrenocorticismo o secundaria a otras enfermedades. La betaína juega un rol similar al de los gatos, facilitando la movilización de lípidos hepáticos a través de la síntesis de VLDL. Estudios en modelos animales de esteatosis apoyan este efecto, y su uso se extrapola a la clínica canina con buenos resultados reportados (Webb & Twedt, 2020). Es particularmente relevante en perros obesos con elevaciones enzimáticas hepáticas sugestivas de esteatosis.

Otras Hepatopatías: La betaína también puede tener un papel beneficioso en otras enfermedades hepáticas crónicas (como la colangitis/colangiohepatitis en gatos o la hepatitis crónica en perros) debido a sus efectos osmoprotectores, su apoyo a la desintoxicación (vía metilación) y su potencial para reducir la inflamación, aunque la evidencia específica es más limitada que para la lipidosis/esteatosis (Tolbert & Olin, 2021).

5.2. Manejo de la Obesidad y Complicaciones Metabólicas

La obesidad es una epidemia en perros y gatos, asociada a numerosas comorbilidades. La betaína ofrece beneficios potenciales más allá de su efecto sobre la esteatosis hepática:

·   Modulación del Metabolismo Lipídico: La suplementación con betaína en modelos animales obesos ha demostrado reducir la acumulación de grasa visceral, mejorar el perfil lipídico (disminución de triglicéridos y colesterol LDL, aumento de HDL) y aumentar la sensibilidad a la insulina (Du et al., 2022; Gao et al., 2020). Estos efectos parecen estar mediados por la regulación de genes involucrados en la oxidación de ácidos grasos y la lipogénesis, posiblemente a través de mecanismos epigenéticos (metilación del ADN) influenciados por la disponibilidad de SAM.

·     Promoción de la Saciedad: Algunos estudios preliminares en roedores sugieren que la betaína puede modular hormonas relacionadas con el apetito (como la leptina y la grelina) (Chen et al., 2021), aunque esta área requiere más investigación en especies veterinarias.

·  Reducción de la Inflamación Adiposa: El tejido adiposo de animales obesos es un órgano endocrino proinflamatorio. La betaína puede atenuar la producción de citoquinas inflamatorias (como TNF-α, IL-6) por parte del tejido adiposo, contribuyendo a reducir la inflamación sistémica de bajo grado asociada a la obesidad (Kathirvel et al., 2020).

5.3. Regulación de la Homocisteína (Hiperhomocisteinemia)

Niveles elevados de homocisteína son un factor de riesgo cardiovascular y se han asociado con enfermedad renal crónica (ERC), trastornos cognitivos y complicaciones tromboembólicas en animales. La betaína, a través de la vía BHMT, es una ruta eficaz y a menudo complementaria a la vía dependiente de folato/B12 para reducir la homocisteína plasmática (McKeever et al., 2020). Esto es especialmente relevante en:

·      Pacientes con ERC: La función renal deteriorada reduce la eliminación de homocisteína. La hiperhomocisteinemia es común en estadios avanzados de ERC y contribuye a la progresión de la enfermedad y complicaciones cardiovasculares. La suplementación con betaína puede ser una estrategia adyuvante para controlar estos niveles (Lulich & Osborne, 2020), aunque se requiere precaución con la dosis.

·         Pacientes con deficiencias de folato o B12: La betaína ofrece una ruta alternativa de remetilación.

·         Animales geriátricos: Pueden tener mayor riesgo de hiperhomocisteinemia por diversas razones.

5.4. Manejo del Estrés Térmico

El estrés por calor es una preocupación importante, especialmente en perros braquiocefálicos, obesos o que trabajan en condiciones cálidas. La betaína, como osmoprotector, ayuda a las células a mantener su volumen e integridad durante la deshidratación asociada al jadeo excesivo y la pérdida de electrolitos (Sanders, 2021). Estudios en aves de corral y cerdos han demostrado consistentemente que la suplementación con betaína mejora el rendimiento, la ingesta de alimento, la integridad intestinal y la supervivencia durante el estrés térmico (Ali et al., 2022; He et al., 2020). Aunque la investigación específica en perros es más limitada, los mecanismos fisiológicos son conservados, y la betaína se está incorporando cada vez más en suplementos diseñados para el manejo del estrés térmico y la hidratación celular en perros deportivos o expuestos a altas temperaturas.

5.5. Salud Renal (Potencial Rol Protector)

El papel osmoprotector de la betaína es particularmente importante en las células de la médula renal, que funcionan en un entorno hiperosmótico. Existe evidencia creciente, principalmente de modelos experimentales y algunos estudios en humanos, que sugiere que la betaína puede proteger contra la lesión renal aguda (LRA) y la progresión de la ERC:

·         Osmoprotección: Protege a las células tubulares medulares del estrés osmótico.

·         Reducción de Homocisteína: La hiperhomocisteinemia es nefrotóxica.

·  Efecto Antioxidante: Algunos estudios indican que la betaína puede aumentar la actividad de enzimas antioxidantes (como la superóxido dismutasa) y reducir el estrés oxidativo en el riñón (Ganesan et al., 2021).

·         Reducción de la Inflamación: Puede modular vías inflamatorias implicadas en la lesión renal.

Sin embargo, es crucial enfatizar que la evidencia clínica robusta en perros y gatos con enfermedad renal es todavía escasa, y su uso en ERC avanzada requiere una cuidadosa evaluación riesgo-beneficio debido al riesgo potencial de acumulación (Brown & Elliott, 2023).

5.6. Otras Aplicaciones Potenciales

La investigación en otras áreas es más preliminar, pero sugiere posibles beneficios:

·         Salud Intestinal: Su efecto osmoprotector puede ayudar a mantener la integridad de la barrera intestinal durante episodios de diarrea o estrés. Algunos estudios en producción animal muestran mejoras en la morfología intestinal y reducción de la inflamación (Wang et al., 2022).

·      Rendimiento Deportivo: Basado en su rol en la síntesis de creatina (para producción de energía) y posible efecto sobre la resistencia al estrés, se explora en suplementos para perros de trabajo o deporte (Reynolds, 2021).

·         Neuroprotección: La capacidad de la betaína para reducir la homocisteína (neurotóxica) y su participación en la síntesis de neurotransmisores y fosfolípidos de membrana neuronal sugieren un potencial neuroprotector, relevante en síndromes cognitivos geriátricos (Landsberg, 2023).

6. Dosificación, Administración y Formulaciones

No existe una dosis única óptima universalmente establecida para perros y gatos, ya que depende de la indicación, la gravedad de la condición, la formulación y el individuo. Las pautas se basan en estudios farmacológicos, experiencia clínica y las recomendaciones de los fabricantes de productos veterinarios:

Dosis Generales (Guía)

Perros

Hepatopatías/Obesidad/General: 500 - 2000 mg/día divididos en 1-2 tomas. Dosis típicas oscilan entre 50-100 mg/kg/día.

Reducción de Homocisteína: Dosis pueden ser similares o ligeramente superiores.

Gatos

Lipidosis Hepática: Es la indicación más establecida. Dosis típicas: 250 - 1000 mg/día divididos en 1-2 tomas. Comúnmente se utiliza 50-125 mg/kg/día, iniciando en el rango superior en casos agudos graves (Center, 2022; Tolbert & Olin, 2021).

Nota Importante: Siempre se debe consultar la literatura específica del producto utilizado y ajustar según la respuesta clínica y los parámetros de laboratorio. Comenzar con la dosis más baja efectiva es prudente.

Formulaciones

Clorhidrato de Betaína (Betaine HCl): Es la forma más comúnmente disponible. Se usa para las indicaciones metabólicas y hepáticas descritas. Tiene un sabor ligeramente ácido/salado. Se presenta en polvo, cápsulas, tabletas o como parte de suplementos combinados (hepatoprotectores, lipotrópicos). No debe confundirse con su uso como acidificante urinario o suplemento digestivo en humanos. En veterinaria, para las indicaciones aquí descritas, se utiliza la misma molécula, pero el objetivo no es acidificar.

Betaína Anhidra: Menos común en suplementos veterinarios específicos para las indicaciones metabólicas. La betaína anhidra se refiere a la betaína pura sin el HCl. Es importante verificar que el suplemento contenga betaína (trimetilglicina) como ingrediente activo, no solo la palabra betaína en el nombre de otros compuestos (como tensioactivos).

Alimentos Comerciales: Algunas dietas terapéuticas para hepátopatías o gestión del peso pueden estar fortificadas con betaína. Verificar el listado de ingredientes o el análisis garantizado.

Administración

Se puede administrar directamente en la boca (polvo mezclado con un poco de comida húmeda o "pate", cápsulas/tabletas) o mezclado con el alimento.

La palatabilidad puede ser un desafío en algunos gatos; las formulaciones en polvo suelen ser más fáciles de camuflar que las tabletas grandes.

7. Limitaciones, Precauciones y Efectos Adversos

A pesar de su perfil de seguridad generalmente favorable, la betaína no está exenta de riesgos y consideraciones:

Insuficiencia Renal Grave: Este es el punto más crítico. La betaína y sus metabolitos (DMG, sarcosina) se excretan principalmente por vía renal. En pacientes con función renal severamente comprometida (IRC estadio 4-5 según IRIS), existe un riesgo significativo de acumulación sistémica. Los altos niveles plasmáticos de betaína se han asociado con un aumento de la osmolalidad plasmática y, teóricamente, podrían contribuir a la osmólisis celular, efectos neurológicos o empeoramiento de la función renal (Schwab et al., 2006; Brown & Elliott, 2023). Su uso en perros o gatos con ERC avanzada (especialmente con azotemia marcada) está contraindicado o requiere extrema precaución, monitorización estrecha y dosis muy reducidas bajo supervisión veterinaria estricta.

Interacciones Farmacológicas

Diuréticos (especialmente diuréticos de asa como furosemida): Pueden aumentar el riesgo de desequilibrios electrolíticos (hiponatremia, hipokalemia) debido a la carga osmótica de la betaína. Monitorizar electrolitos (Na+, K+) si se usan concomitantemente (Boothe, 2023).

Fármacos Metabolizados por Metilación: Teóricamente, la betaína podría alterar la farmacocinética de fármacos que dependen de la metilación para su inactivación o activación, aunque la evidencia clínica específica es limitada.

Efectos Adversos

Gastrointestinales: Son los más comunes, aunque generalmente leves y transitorios. Incluyen náuseas, vómitos (especialmente si se administra en ayunas), diarrea o heces blandas. Administrar con comida puede mitigar estos efectos.

Sabor: El sabor salado/ácido del clorhidrato puede ser rechazado por algunos animales, afectando la palatabilidad y la adherencia al tratamiento.

Olor Corporal: En dosis altas, algunos propietarios reportan un olor corporal peculiar (a menudo descrito como "a pescado") en sus mascotas, probablemente relacionado con la excreción de trimetilamina, un metabolito.

Contraindicaciones

Hipersensibilidad conocida a la betaína (rara).

Insuficiencia renal grave (IRC estadios avanzados IRIS 4/5) sin supervisión veterinaria experta y monitorización muy estrecha.

Embarazo y Lactancia: No se han establecido perfiles de seguridad completos. Se recomienda evitar su uso o utilizarlo solo si el beneficio potencial supera claramente el riesgo desconocido.

Monitorización

En pacientes con enfermedad hepática, monitorizar enzimas hepáticas (ALT, ALP), bilirrubina, albúmina, colesterol, triglicéridos y tiempo de coagulación. En pacientes con ERC o recibiendo diuréticos, monitorizar creatinina, BUN, electrolitos (Na+, K+) y osmolalidad plasmática si es posible.

8. El Papel del Veterinario: Integrando la Betaína en la Práctica Clínica

Como médicos veterinarios especializados en medicina interna y medicina funcional, nuestro rol es fundamental para utilizar la betaína de manera racional, basada en evidencia y ética:

La betaína no es una panacea. Su indicación debe basarse en un diagnóstico preciso de la condición subyacente (lipidosis hepática, esteatosis, obesidad con complicaciones metabólicas, hiperhomocisteinemia documentada, etc.). No es un sustituto del manejo nutricional adecuado, la fluidoterapia o el tratamiento específico de la enfermedad primaria.

Evaluación Individual: Evaluar la función renal y hepática basal (perfil bioquímico completo, análisis de orina) antes de iniciar la suplementación, especialmente en animales geriátricos o con comorbilidades. Evaluar el estado de hidratación.

Selección de Productos y Dosificación:** Recomendar productos de calidad, con concentraciones claramente especificadas de betaína (trimetilglicina). Calcular la dosis apropiada según el peso, la condición y las comorbilidades del paciente. Educar al propietario sobre la administración correcta y la importancia de la adherencia.

Gestión de Expectativas: Comunicar claramente los beneficios esperados, el tiempo necesario para observar mejorías (p. ej., en lipidosis hepática, la recuperación es gradual y requiere semanas o meses) y las posibles limitaciones o efectos adversos.

Monitorización: Implementar un plan de monitorización para evaluar la eficacia (mejora clínica, parámetros de laboratorio) y la seguridad (función renal, electrolitos, efectos adversos GI), ajustando la dosis o suspendiendo el tratamiento según sea necesario.

Enfoque Multimodal: Integrar la betaína dentro de un plan terapéutico integral que incluya manejo nutricional específico (dietas terapéuticas para hígado, obesidad o riñón según corresponda), tratamiento farmacológico de la enfermedad primaria, manejo del dolor, control de náuseas/vómitos, y apoyo al propietario.

9. Futuras Direcciones de Investigación

A pesar de los avances, persisten importantes lagunas de conocimiento que requieren investigación futura en medicina veterinaria:

Estudios Clínicos Controlados: Se necesitan más ensayos clínicos aleatorizados y controlados (RCTs) bien diseñados, específicos en perros y gatos, para confirmar la eficacia de la betaína en diversas indicaciones (especialmente ERC, rendimiento deportivo, neuroprotección) y establecer dosis óptimas basadas en evidencia sólida.

Farmacocinética y Farmacodinamia Específicas por Especie: Estudios detallados sobre la absorción, distribución, metabolismo y excreción (ADME) de diferentes formulaciones de betaína en perros y gatos, incluyendo su impacto en la osmolalidad plasmática y tisular.

Efectos a Largo Plazo: Evaluación de la seguridad y eficacia de la suplementación crónica con betaína en diversas condiciones.

Interacciones Farmacológicas: Investigación específica sobre interacciones potenciales con fármacos de uso común en veterinaria.

Biomarcadores de Respuesta: Identificación de biomarcadores fiables (más allá de la homocisteína o las enzimas hepáticas) para predecir y monitorizar la respuesta a la betaína.

Mecanismos Epigenéticos: Profundizar en la comprensión de cómo la betaína, a través de su impacto en la disponibilidad de SAM, regula la metilación del ADN y la expresión génica en tejidos relevantes (hígado, tejido adiposo, riñón) en perros y gatos, y cómo esto se traduce en efectos terapéuticos.

Conclusión

La betaína es un nutracéutico valioso con un sólido fundamento fisiológico y un perfil creciente de aplicaciones clínicas en medicina veterinaria de pequeños animales. Sus funciones duales como osmoprotector celular y donante esencial de grupos metilo la convierten en una herramienta particularmente relevante para el manejo de la lipidosis hepática felina, la esteatosis hepática en perros, complicaciones metabólicas de la obesidad, la hiperhomocisteinemia y el estrés térmico.

Sin embargo, su implementación debe ser juiciosa y basada en un diagnóstico preciso. La consideración más crítica es la contraindicación relativa o absoluta en casos de insuficiencia renal grave, donde el riesgo de acumulación y potenciales efectos adversos supera los beneficios. La monitorización de la función renal y los electrolitos es esencial en pacientes con compromiso renal o que reciben diuréticos.

Como profesionales debemos integrar la betaína dentro de un enfoque terapéutico multimodal, priorizando siempre el bienestar del paciente y utilizando la mejor evidencia disponible. La investigación futura deberá abordar las lagunas de conocimiento actuales, refinando las pautas de dosificación, explorando nuevas aplicaciones y consolidando su lugar como un agente terapéutico seguro y eficaz en el arsenal del veterinario dedicado a la salud de perros y gatos.

Referencias

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